¿Por qué el contador de su muñeca estaba a cero? No lo comprendía del todo. Aquella misma mañana juraría que el contador marcaba 3 meses, 4 días, 8 horas, 40 minutos y 21 segundos. 20. 19. 18...
¿Por qué se habría puesto a cero? Se suponía que debería seguir funcionando. ¿Se habría estropeado? No, claro que no, llevaba funcionando 24 años, ¿por qué habría de romperse?
Buscó algún motivo de este repentino cambio de números, pero no encontró nada. No hacía más que darle vueltas a la cabeza, tanto que llegó a dolerle. Se tumbó en la cama, con los ojos cerrados y la luz tenue que intentaba abrirse paso a través de la persiana. Empezó a quedarse dormida.
Fue entonces cuando su contador empezó a pitar.
No era un pitido molesto, pero sí insistente, lo que le obligó a despertarse. Sobresaltada, volvió a mirar el dispositivo de la muñeca.
Marcaba 20 minutos.
Sabía lo que tenía que hacer. Aún somnolienta, se vistió y salió a la calle. El constante pero suave sonido que emitía el contador le indicaba hacía donde tenía que ir.
13 minutos.
Se detuvo delante del hospital. Las únicas luces encendidas eran las de la planta baja y algunas de las habitaciones de los residentes. Hizo caso omiso de la secretaria de recepción, guiándose únicamente por su muñeca.
4 minutos.
Paró en seco cuando se encontró frente a la sala de urgencias. No se encontraba preparada para esto, pero no podía echarse atrás. Estiró los brazos y empujó las puertas con todas sus fuerzas.
Al principio no sabía hacía donde tenía que seguir; el dispositivo había dejado de pitar. Miró hacia ambos lados de la sala, en busca de algún indicio. Todo estaba en silencio, hasta que el contador empezó a abrasarle la muñeca. Intentó quitárselo con toda su alma, pero, como todo el mundo, lo tenía incrustado en la piel desde su nacimiento. Su mirada lanzó una mirada de socorro a una sala donde nadie la prestaba atención.
Hasta que su mirada se topó con la cortina.
15 segundos.
El dolor cesó de repente. Se acercó a la cortina, levantando la mano para descorrerla.
Él la miró, a pesar de los tubos que rodeaban su cara, y sonrió. Ella se quedó muda. Acercó su mano al contador de la muñeca de él y después miró el monitor cardiaco que se encontraba a su izquierda. Suspiró de alivio mientras esbozaba una tímida sonrisa.
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