Encontró la carta entre las cajas de mudanza. La sostuvo entre sus manos de pianista mientras sus ojos recorrían las letras con prisa, sin importancia. Pero fue entonces cuando sus pupilas se posaron en aquellas palabras:
«Le quisiste a pesar de que él te hacía daño, aunque él te hablara de todas aquellas chicas, te esforzabas en esbozar una sonrisa. Sabías que por muchas veces que él te mirara, o te hiciera reír o compartiera algún minuto de su vida contigo, no ibas a llegar a ser nunca lo que tú de verdad anhelabas. Preferías ser una persona existente en su vida, una amiga, que no ser nadie.»
Levantó la mirada hacia las cajas. Sollozó. Aún le dolía el pecho al recordar su sonrisa.